Llegó libre a oír su veredicto y salió preso. Su condena no estaba firme.
Un hombre llegó a su juicio oral sujeto a medidas cautelares de menor intensidad, sin prisión preventiva. El 31 de julio de 2026, el tribunal le comunicó un veredicto condenatorio y, en esa audiencia, decretó su prisión preventiva. El fundamento central fue la convicción que ya tenía sobre su culpabilidad, aunque esa decisión no estaba firme.
Se presentó un amparo a su favor y la Corte de Apelaciones lo rechazó. La Corte Suprema revocó ese fallo por mayoría: la presunción de inocencia rige hasta que haya sentencia firme, y el veredicto por sí solo no justifica endurecer las cautelares. Sin antecedentes nuevos, la prisión quedó sin fundamento y era ilegal. Se dejó sin efecto y volvieron las cautelares que tenía al inicio del juicio. Dos abogados integrantes votaron en contra.
Para pensar: ¿Sabías que un veredicto de culpabilidad, por sí solo, no basta para mandarte a prisión preventiva?
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