Necesitaba una cama psiquiátrica. No había, y la dejaron en la cárcel.
Una mujer formalizada por amenazas y desacato quedó en internación provisoria, porque había antecedentes de una posible alteración de sus facultades mentales. No había cupos para mujeres en la unidad psiquiátrica, y el juez ordenó que esperara en el centro penitenciario femenino. Hasta la institución del penal reclamó que ese no era un lugar para ella.
La Corte de Apelaciones de Temuco acogió el amparo: la falta de camas no puede pagarla quien está privada de libertad. Cuando falló, ella ya había sido liberada, y la Corte acogió igual, porque la afectación existió mientras duró.
Para pensar: ¿Quién debería hacerse cargo cuando el sistema no tiene camas?
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