Niño de catorce años, cráneo reconstruido. La isapre cubrió los tornillos, no el implante.
Un niño de catorce años con una malformación craneal congénita, en reconstrucción por etapas desde bebé. En marzo de 2025 lo operaron con un implante diseñado a su medida, fijado con veintinueve tornillos de titanio.
La isapre bonificó al 90 % los tornillos, el pabellón y los días cama. Al implante y a sus modelos les puso bonificación cero: casi $35 millones. La deuda quedó en $31.821.959 y la clínica suspendió las atenciones del niño, salvo urgencias.
La isapre dijo que era una «prótesis no arancelada». La Corte de Apelaciones de Santiago le reconoció que, como regla, estas discusiones van al arbitraje; pero aquí los hechos no estaban en duda. Prótesis es lo que reemplaza un órgano; este implante cubre, protege y sostiene, y la propia clínica lo registró como material clínico. Además, la isapre lo liquidó bajo un código de su propio arancel.
La frase que hay que guardar: no hay razón médica, contractual ni arancelaria para cubrir el tornillo que sujeta y no el implante sujetado.
Ordenó reliquidar al 90 % sin tope, pagar a la clínica y devolver lo pagado de más. Sin costas.
Para pensar: ¿Puede una isapre cubrir la cirugía entera y dejar afuera justo la pieza que le daba sentido?
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