La isapre la echó. Uno de los motivos: pancreatitis de hace doce años.
Contrató su isapre en octubre de 2025. Siete meses después recibió un correo: la isapre le terminaba el contrato por preexistencias no declaradas.
Eran dos. Una pancreatitis de hace unos doce años, en una sola ocasión. Y una endometriosis que, según el certificado de su médica, se trata desde mayo de 2026, con síntomas desde marzo; la isapre citó una consulta de septiembre de 2025.
La isapre sostuvo que no pudo evaluar el riesgo y que ahora debía cubrir una cirugía de alta complejidad. Pero la ley exige más: la simple omisión no permite terminar el contrato, salvo que la isapre demuestre el perjuicio y que no habría contratado.
La Corte de Apelaciones de San Miguel lo dijo así: afirmarlo es precisamente lo que debe ser demostrado. Un episodio de hace a lo menos doce años, ocurrido una vez, impide concluir la preexistencia. Y sobre la endometriosis hay una controversia médica que sigue en el juicio arbitral; aun así, la isapre hizo producir desde ya la consecuencia más gravosa.
Dejó sin efecto el término y mantuvo la afiliación con las coberturas del plan, sin perjuicio de lo que resuelva el árbitro.
Para pensar: ¿Puede tu isapre dejarte sin salud mientras todavía se discute si tenía razón?
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