Dos llamadas, veinte operaciones. El banco le devolvió plata y después la demandó.
Una tarde de octubre la llamó una mujer que dijo ser ejecutiva de un banco: que estaba siendo víctima de estafas y necesitaba su clave de transferencia. Ese mismo día la llamó otra, de su propio banco, y le hizo digitar una clave más. Resultado: dos transferencias por $700.000 y dieciocho compras con su tarjeta por $5.764.518.
El banco le abonó lo que la Ley 20.009 le exige y después la demandó para que se lo devolviera. En primera instancia ganó el banco: ella entregó claves dos veces y «se advierte constantemente» que no se hace.
La Corte de Apelaciones de Antofagasta lo dio vuelta. Seguir las instrucciones de alguien que conoce tus productos y te plantea situaciones verosímiles no es culpa grave. Y el propio banco reconocía que autorizó las veinte operaciones sin que saltara ninguna alerta: sus sistemas también fueron vulnerados. La ley le exige monitorear lo que se sale de tu comportamiento habitual, y con la prueba rendida no acreditó haberlo hecho.
Demanda rechazada en todas sus partes. Restituir los $700.000 con reajustes e intereses y cancelar las 18 compras. Sin costas.
Para pensar: Si el banco tampoco se dio cuenta del fraude, ¿por qué la descuidada serías tú?
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Agendar consulta → Escribir por WhatsAppNota legal: Relato basado en una sentencia pública, sin nombres ni datos que identifiquen a las partes. Es contenido informativo: cada caso se resuelve según sus propios hechos y pruebas. Para tu situación concreta, agenda una consulta profesional.