Once años sin anotaciones. Reconoció un solo golpe en una riña, y lo expulsaron.
Once años en el mismo colegio, desde prekínder. Sin anotaciones ni sanciones graves. En junio hubo una riña masiva en el patio y él reconoció un único golpe en el hombro, para defender a un compañero. El colegio lo expulsó con Aula Segura.
El colegio sostuvo que cumplió cada etapa: cargos, suspensión, descargos, Consejo de Profesores. Y la Corte no lo discutió. Pero dijo que eso no basta: una expulsión tiene que salir de una ponderación racional de las atenuantes y de la gravedad del hecho.
Dos detalles decidieron el caso. El propio reglamento tenía una escala para esa falta —diálogo, suspensión, condicionalidad, expulsión— y mandaba aplicarla de forma no automática. Y la inspectora reconoció que el alumno dio un solo golpe.
Tratarlo con la misma severidad que a los instigadores es discriminación arbitraria. Se acogió con costas: expulsión sin efecto, reincorporación inmediata y revisión de su conducta con las medidas graduales del reglamento.
Para pensar: Si en una pelea de muchos uno solo dio un golpe para separar, ¿puede el colegio castigarlos a todos igual?
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